Aurora Vega, una poetisa en el tren

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Estaba ensimismada en la lectura cuando una vocecilla cálida y femenina, me habló dirigiéndose a mi asiento en el tren y me ofreció una tarjeta, con un poema escrito en ella. Me dijo que si le gustaba y quería conservarlo, podría hacerlo a cambio de una pequeña aportación para la poetisa, ella. Seguir leyendo “Aurora Vega, una poetisa en el tren”

Personas y personas

No me gusta generalizar, pero a veces intento analizar a las personas que me rodean, al mundo que observo, y escribir mis reflexiones para observarme dentro de un conjunto. Por ello me atrevo a afirmar, que en cuanto a actitud personal ante la vida y la sociedad, a grandes rasgos existen tres tipos de persona:

manipuladores

Las manipuladoras: aquellas que creyéndose poseedoras de la verdad absoluta, intentan imponer “su verdad” a cualquier precio. Sobornando, comprando, manipulando, tergiversando, humillando.

Personas autoritarias e inseguras, que necesitan ser alabadas constantemente por un séquito incondicional y no pensante. No necesitan consejo sino confirmación. No soportan la crítica, menosprecian al que puede despuntar en algún ámbito algo más que ellas mismas, sustituyen libertad por seguridad y control. No respetan a todos aquellos que consideran seres inferiores, sea por diferencia de sexo, raza, o estatus económico. Ven el mundo como un lugar con recursos escasos que hay que poseer y explotar. Se sienten responsables del gobierno del mundo para guiar a la masa “resignada”, y para explotar los recursos disponibles según un patrón establecido por ellos en nombre del bien común.
Tienen como mayores enemigos al tipo de personas que llamo “conscientes” por ser y creer en algo totalmente opuesto a ellas.

conscientes

Las conscientes: aquellas que no creyendo en la verdad absoluta, buscan constantemente nuevas formas de interpretar la realidad. Estudiantes incansables, siempre dudan de sus conocimientos en cualquier ámbito e intentan mejorarlos. Intentar aprender de las otras personas para aprender de sí mismas. Respetan la libertad individual y la vida de cualquier ser vivo. Se horrorizan ante los mecanismos de control y represión que intentan ejercer las personas manipuladoras, pero no se sienten líderes ni con la autoridad para guiar a la masa, ya que creen que cada uno debe alcanzar su propia libertad a través de la experiencia. Tampoco entienden el sometimiento ante voluntades ajenas.

resignados

La masa “resignada”: aquellas personas que no se plantean su vida. Todo les viene dado, sea bueno o malo, por el destino. No creen poder llevar las riendas de su vida, bastante tienen con sobrevivir día a día. En momentos puntuales patalean, se enfadan, se quejan, pero inmersas en el sistema creen que poco pueden cambiar, y la vida es demasiado complicada para buscarse más problemas.

Lo remarcable de esta clasificación, es que este tipo de personas no responde a una influencia biológica o externa. El poder económico, el sexo, la raza, el lugar de nacimiento, el idioma, ello no ubica a una persona en un tipo de los citados. Es una cuestión de actitud, de conciencia personal.

Como cualquier clasificación psicológica es reducida, generalista, y criticable, pero por ello ampliable, y hasta aceptable.

¿Te reconoces en alguno de estos tipos?

Acción

aporellosAcabo de leer el artículo “Vale, esto se hunde, ¿y luego qué?”, y no puedo estar más de acuerdo con su autor Isaac Rosa. Tengo la sensación de que muchos estamos igual, vemos cómo todo se hunde, pero no sabemos qué hacer, cómo organizarnos. Estamos dispersos, nos dejamos llevar por el desánimo general y no actuamos.

Y me viene a la cabeza aquella escena de la fantástica película El Club de la lucha donde Brad Pitt dice:

“Perseguís a la gente de quien dependéis, preparamos vuestras comidas, recogemos vuestras basuras, conectamos vuestras llamadas, conducimos vuestras ambulancias y os protegemos mientras dormís. . . Así que no te metas con nosotros.”
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Mi trabajo me lo invento yo

Hace un año y medio empecé a cursar un CFGS de informática en el IOC, ya que me ofrecía la oportunidad de hacerlo a distancia, gestionar todos los trámites necesarios a través de internet, y con la única necesidad de acudir a un lugar en un día concreto para realizar los exámenes evaluatorios.

El porqué decidí ponerme a estudiar de nuevo, tras años de estar al margen del mundo académico, fue una decisión simple: seguir un guión. Hace mucho tiempo que me reciclo y aprendo cosas nuevas a través de internet. Pero en el mundo de la informática y la programación, el abanico es tan amplio, que realmente no sabía hacia donde focalizar mis inquietudes e intereses. Al descubrir la posibilidad de seguir una formación a través de un ciclo formativo superior, vi mi oportunidad.

Salvando las mil y una inconveniencias y faltas que pueda tener este tipo de formación, lo que realmente he sacado en claro es, qué es lo que me gusta del mundo de la informática y qué es lo que no me gusta, o me cuesta demasiado y prefiero no tocar.

Al final del ciclo tendré una titulación convalidable en toda la Comunidad Europea, y una visión global, de lo que se cuece en el mundo profesional de las nuevas tecnologías (o al menos eso creo)

¿Espero conseguir un trabajo bien pagado por tener un título? No, en absoluto. Y explico porqué. Seguir leyendo “Mi trabajo me lo invento yo”

Ignorancia en la era de la información

Hace tiempo que dejé de seguir las noticias que escupen diariamente los medios de comunicación tradicionales. Desde que mi espíritu crítico me alertó de la cantidad de patrañas, mentiras y estupideces que intencionadamente retransmiten los noticieros nacionales, y teniendo como alternativa la poderosa internet, mis fuentes de información diarias se remiten a la red, donde sigo multitud de blogs y webs temáticas, tras las cuales escriben personas de carne y hueso, que amparadas en la “libertad” que proporciona internet, dan a conocer informaciones de primera mano, u opiniones valiosas que por motivos de intereses no suelen aparecer en esos medios convencionales de “poco pan y pésimo circo”.

No por ello deja de sorprenderme como, siendo actores principales de una época en la que la información es inmediata, a veces muy fácilmente contrastada, y muchas veces de primerísima mano, todavía hay un cierto consenso entre la gente de que la verdadera información es la de los telediarios, ya que ¿por qué van a engañarnos?, y aún he tenido que oír comentarios y de una persona muy cercana a mi de que “el problema es que tenemos acceso a demasiada información y eso nos despista”. Ni que cabe decir que me esturrufé como una gato y le solté un tremendo bufido a tan desacertada y estúpida afirmación.

Y cuando esos comentarios llegan de personas de más de 60 años, que han vivido una posguerra, una era “democrática”, que han podido vivir en “libertad”, luchar por sus “derechos laborales”, crear un pequeño patrimonio, unos ahorritos en el banco, y además han podido votar con “libertad” a sus gobernantes, cuando se dan estas condiciones, pienso que es difícil (que no imposible) cambiar esa mentalidad de confianza hacia las “instituciones”.

Pero cuando veo a toda esta gente menor de 45 años, sumisa a los mismos patrones que guiaron a nuestros padres, creyéndose una “libertad y democracia” cada vez más escurridizas, sumidas en un día a día de pagos imposibles, de trabajos precarios, de horarios interminables, de convivencia familiar supeditada a miles de factores externos y impasible a toda esa información alternativa que proporciona internet. Ese desinterés me produce desasosiego y me suele interrumpir el sueño, y aunque a veces pienso que pudiera ser mejor vivir en la ignorancia (o al menos más saludable) , y más cuando es difícil cambiar algo aún teniendo información clave, me parece muy triste que personas en edad pensante, en edad de tomar decisiones trascendentales en su vida, de traer niños al mundo y educarlos. Que todas esas personas pasen su vida preocupadas por pagar una hipoteca, por trabajar en algo que no les gusta, por los trapos sucios de los demás, porque gane un equipo u otro de fútbol, por un sinfín de nimiedades superficiales y de valores vacíos que acaban transmitiendo a sus hijos, mientras un puñado de personajes miserables, inmundos, avariciosos, envidiosos y viles, se ocupan de amasar fortunas imposibles de gastar en una sola vida a costa de arruinar a otros, de destrozar un planeta que no les pertenece, que no pertenece a nadie sino que pertenecemos a él, de engañar, pisotear y reventar a todo lo que se interponga en el camino de sus intereses, por vivir una vida que creen privilegiada, la cual acabaran abandonando tarde o temprano como el resto de los mortales.

Por todo esto, y porque está en nuestras manos y tenemos el arma perfecta en forma de red mundial interconectada, sigo reivindicando el poder de la información, de la difusión libre de los conocimientos y verdades individuales y colectivas, el poder de la denuncia, de la alerta sobre fraudes de delincuentes privados e institucionales, el poder de la educación libre para la creación de mentes pensantes con opinión propia.

Todo eso lo tenemos aquí y ahora, la revolución está en nuestras manos y es cibernética.

Estúpidos, estúpidos, estúpidos

Según publican hoy algunos medios de comunicación gracias al cierre de Megaupload los cines se vuelven a llenar.
Y durante el pasado puente de la Purísima salieron 10 millones de vehículos a las carreteras y se llenaron todos los hoteles y casas rurales, porque lo dijeron los medios de comunicación.
Y en Navidad la gente se echó a la calle a comprar, porque se repitió en la tele hasta la saciedad.
Y por eso hace un tiempo había brotes verdes, y ahora hay recesión, porque lo dice algún político o el Banco de España.
Y por eso es una buena inversión comprar Letras del Tesoro o invertir en deuda bancaria, porque te lo aconseja “tu amigo” el del banco.
Y por eso las marcas de verdad son mejores que las blancas, porque se anuncian en televisión.
Y por eso hay que hacer recortes en sanidad y educación…
Y por eso había que vacunarse de la gripe aviar….
Y por eso había que invadir Irak….
¿Y por eso nos lo vamos a creer?
Ha llegado un momento en que al parecer si personajes o medios “importantes” afirman un hecho, aquello es verdad impepinable, aunque no se sostenga por ningún lado.
Ya vale ¿no? ¿Realmente nos creen tan estúpidos?