Desconexión

desconexión

Felipe llegó a casa a las nueve de la noche, intentó abrir la puerta con su llave, pero no entraba en la cerradura. Estoy tan cansado que no atino ni a meter la llave, pensó. Llamó al timbre. Le abrió su hijo pequeño Tuto, estaba muy serio, parecía que había estado llorando. Se alarmó, ¿qué pasa hijo? Dijo entrando a casa rápidamente.
En el salón estaba su mujer, hablaba por teléfono, estaba muy acelerada. Vio a su cuñado Antonio sentado en el sofá con cara seria. Se asustó.
-Por Dios Antonio, ¿qué pasa, qué haces aquí?
-Tranquilo Felipe, no es nada grave. Bueno, sí lo es, pero no es nada relacionado con un accidente ni ha muerto nadie.
Felipe miró a su alrededor y vio dos grandes maletas en la entrada del salón. Eran las maletas que solían utilizar su mujer y él al ir de viaje.
Su mujer colgó el teléfono.
-Carmen, cariño, ¿me vas a explicar qué está pasando?
Carmen le miró seriamente, parecía que quería atravesarle con la mirada.
-Pasa que esto se acabó Felipe, en esas maletas tienes tus cosas, quiero que te vayas.
-Pero Carmen, ¿qué me estás diciendo?…
-No puedo más Felipe, llevamos años así, esto no funciona, ya no conectamos y yo ya solo quiero desconectarme de ti, para siempre. Ya no soporto tus idas y venidas, evasivas, excusas, promesas, tu incomprensión, tus mentiras, y tu menosprecio hacia mí. Se acabó.
-Pero cielo, ya lo hemos hablado. Dame solo unas semanas, a partir del 20 de diciembre volvemos a coger las riendas de la empresa, ya todo será diferente. Estos últimos cuatro años han sido terribles, pero ya todo va a cambiar, te lo prometo, yo te quiero…
-Perdona Felipe, intervino Antonio, como hermano de Carmen, cuñado tuyo y como abogado de la familia, tengo que decirte que existen suficientes razones para que Carmen haya llegado a esta situación. Aquí tienes los papeles del divorcio. Te ruego que los leas con tranquilidad. Ahora será mejor que me acompañes, te he reservado una habitación en el Plaza. Daos un plazo de dos días y nos volvemos a reunir.
-Pero ¿qué me estás diciendo? Antonio por favor, tú me conoces de toda la vida. Sabes que adoro a tu hermana, que todo esto es pasajero, que nos queremos…Carmen por favor, no me hagas esto. ¿Y nuestro pequeño Tuto?, le vas a destrozar el corazón…
-No pongas de excusa a Tuto. Tiene nueve años y puede entender perfectamente la situación, y sabe que desde hace más de cuatro años su padre está ausente. Nos has ninguneado Felipe, no has tenido en cuenta nuestros sentimientos, nuestra identidad, y ya no puede ser. Hace dos años que tomé la determinación, te lo he ido avisando, y no me has hecho ni caso. Ya no hay opción, nos separamos Felipe.
-Deja al menos que me despida de Tuto.
Felipe fue hasta la habitación del pequeño, que estaba acurrucado en su cama. Se abrazaron y lloraron juntos lágrimas de miedo e incomprensión.

El paseo

Decidió que no podía caer en la desidia. La siesta no le iba a reportar nada bueno, sólo mal humor y pesadez de estómago al levantarse.

Se puso ropa cómoda, colgó su cámara al hombro, y salió a disfrutar de la fría y ventosa tarde de invierno.

celgris

El cielo estaba gris como su mente. Las fechas con celebraciones impuestas, le agobiaban. No tenía compromisos sociales, pero no sabía si los echaba en falta, o era mera nostalgia de unos tiempos que jamás volverían, y personas a las que nunca más vería.

El ardor de estómago, el dolor lumbar, la migraña, sabía que todo eran síntomas de su malestar emocional, de las palabras no dichas, de las conversaciones obviadas, de pasos no dados, sueños frustrados, y propósitos arrinconados. A finales del año siempre le ocurría esto. Miraba atrás y sólo se fijaba en todo aquello que no había hecho, en todo aquello que quería haber cambiado. Eran esos días en que todo lo veía negro, todo le molestaba, los demás le incordiaban, quería desaparecer del mapa.

Pero sabía que sólo ella podía cambiarlo, los demás no tenían la culpa, eran como eran, y como ella los veía dependía de su visión, de su estado anímico, y no podía dejar que su malestar acabase estropeando sus relaciones.

Poco a poco el frío viento hibernal le activó la circulación sanguínea, las nubes que tomaban tonos rojizos, las bellas imágenes que la naturaleza le mostraba, capturaron su atención, y se dedicó a capturarlas con su cámara.

Cuando volvió a casa, el cielo seguía gris y el frío cortaba la piel, pero su mente estaba caliente, se había despejado, se sentía inspirada y con nuevos horizontes.

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La naturaleza una vez más, puso las cosas en su lugar.