Plan de jubilación

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Hace ya unos años que escribí sobre los productos financieros que los bancos ofrecen a los ahorradores. No creo que la cultura financiera en este país haya cambiado, pero sí ha aumentado la desconfianza hacia las entidades bancarias, y más visto lo visto. Seguir leyendo “Plan de jubilación”

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Nuevos pensamientos, nuevas realidades

pensadorMe atrevo a afirmar que practicamente todo lo que nos ocurre tiene que ver con nuestros pensamientos.

Los pensamientos generan sentimientos, los sentimientos estados de ánimos. Los estados de ánimo generan deseos, acciones y finalmente realidades.

Como individuos somos el resultado de nuestros pensamientos, y esto cuesta de aceptar. Seguir leyendo “Nuevos pensamientos, nuevas realidades”

Cuidado con los ahorrillos de vuestros padres: Lo que se esconde tras la letra pequeña

No deja de sorprenderme el fenómeno de las letras pequeñas en cualquier producto que se vende. Recuerdo haber visto algún anuncio por televisión, sobre todo de coches, ofertas en telefonía o ADSL, donde unas letras minúsculas corrían a toda velocidad por la parte inferior de la pantalla por espacio de dos segundos. Siempre pensé que las ponían porque alguna ley les obliga a hacerlo, pero evidentemente dicha norma no les indica el cómo hacerlo.

Pero hay un tipo de productos que se llevan la palma en cuanto a “sinvergüencería” por su letra pequeña. Me refiero a los productos que ofrecen las instituciones bancarias.

Todos sabemos lo que grandes bancos, cajas y otras instituciones han hecho con la economía mundial. Numerosos artículos, estudios, investigaciones, incluso películas como Inside Job, nos advierten de las prácticas fraudulentas que ciertas empresas e individuos han llevado a cabo.

Pero a veces cuesta creer que tales prácticas se puedan dar ahí cerca, a la vuelta de la esquina, en la sucursal bancaria o el la caja de ahorros de toda la vida.

Actualmente muchas personas están sufriendo en sus carnes el gran timo de los preferentes. No voy a entrar en el tema ya que hay muchísima información en la red.

Pero ahora mismo, alguien puede estar firmando un contrato con un banco sobre un producto aparentemente atractivo, totalmente “garantizado”, con un interés razonable, y sin riesgo.

Esa persona X sale de la oficina del director con unas palmaditas en la espalda, tras recibir un trato “impecable” por parte del mismo, el cual ha tenido el detalle de preocuparse por su salud y la de su familia, con la sensación de poder confiar en él y en la institución que representa, y de que ha dejado los ahorros de su vida a buen recaudo.

De nada valen las advertencias del pesado de su hijo “Papá, el director del banco no es tu amigo, él va por objetivos y comisiones, y te venderá lo que le digan que venda con tal de poder conservar su culo en el asiento que tanto tiempo le ha costado conseguir”. Ni del “cuidado con lo que firmas, léete la letra pequeña, que tu firma está afirmando que estás de acuerdo con todo eso. No firmes lo que no entiendas”, etc.

Pero un día, esa persona X, escamada por lo que le han comentado unos amigos jubilados como él de que fulanito ha perdido mucho dinero que tenía en el banco, o de que no puede recuperar un “plazo fijo” que firmó hace unos años, y ante la sospechosa insistencia del director del banco de que acepte un nuevo producto financiero muy bueno que ofrece su banco, decide hacer caso por una vez a su hijo, y pide al comercial que le proporcione la información sobre el producto financiero para que pueda compartirla con su hijo, antes de firmar nada.

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Indignados

Estamos viviendo momentos únicos, una verdadera revolución, un cambio de paradigma se está gestando, seamos activos o pasivos no quedaremos indiferentes porque el cambio está ahí y es posible.

Este vídeo del gran sabio de nuestros tiempo y mi abuelo adoptado preferido Jose Luís Sampedro, muestra algunas verdades que muchos intentan ocultar.

Ojalá de este movimiento salga una nueva propuesta política, transgresora de verdad y capaz de producir un cambio real, yo votaría por ella.


Renovarse o morir

Después de días leyendo y oyendo comentarios, noticias y críticas sobre la “ley Sinde”, después de haberme unido a la acción popular de envío de emails a los diputados que “debían votar su aprobación o no”, después de al fin y al cabo, vivir un episodio más de la patética parodia política que vive este país, quiero hacer mi aportación al asunto pero no tratando sobre la ley de marras, su significado y sus consecuencias, ya que de ello se han encargado muchos bloguers y lo han hecho muy bien. Como referente cito a Enrique Dans , al cual he seguido estos días y con cuyas aportaciones me siento muy afín.
Ya he dicho varias veces lo que opino de internet y lo que significa para mí. He emprendido acciones concretas, y he denunciado ese miedo rancio que tienen ciertos grupos a la libertad en internet, y me preguntó cuánto tiempo va a durar este circo pasado de moda, este modelo obsoleto de negocio en torno a la propiedad intelectual, que pretenden perpetuar discográficas, productoras, editoriales y algunos autores apoltronados en el sistema.
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Dinero público y empleo

Generar empleo con dinero público ¿es eso posible?

Con sentido común sí. Con sin sentido no.

Vivo en un entorno rural, en un pueblo de unos escasos 100 habitantes. La agricultura, uno de los sistemas de producción que ha dado trabajo a la población, está en vías de extinción. Se ha gastado mucho dinero público en pagar a los agricultores para que arranquen viña. El cultivo que queda, cereal, oliva y almendra sobrevive por las subvenciones estatales, pero cada vez son menos los encargados de esa producción y más los campos dejados.

El bosque que colinda con los campos cultivados o abandonados, sufre una gran degradación. Es un bosque joven, de pino blanco, encina y roble joven. Hace un siglo el bosque se explotaba sistemáticamente y sin mucho control para generar carbón y cal. A veces para la venta de la madera. Cuando dejó de ser rentable y cuando se acabó con todos los ejemplares de árboles “buenos” para su venta, se abandonó su cuidado. Hoy en día, tras años de descuido, tras fuertes azotes de tormentas, nieve y viento, el bosque es un ente de árboles caídos que agoniza. Es el caldo de cultivo idóneo para los incendios estivales. Seguir leyendo “Dinero público y empleo”