Modo hibernación

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Son las cuatro de la mañana y llevo un buen rato pensando en varios proyectos personales y profesionales que estoy llevando a cabo.

Entonces me he acordado de mi querida Astrid Orange, de este espacio que creé hace ya unos años, al que no le he dedicado todo mi tiempo, pero ha sido mi lugar en el que compartir opiniones, cabreos, informaciones interesantes, pataletas, risas y llantos.

Desde hace ya unos cuantos años, mi proyecto vital está tomando forma en un país diferente al que me vio nacer. Por diferentes circunstancias tuve la oportunidad de conocer y empezar a instalarme a mi ritmo, en el país que se extiende al otro lado del Pirineo, en Francia.

Aunque nunca me sentí patriota de mi país de origen, pues no creo en nacionalidades, banderas ni fronteras, es cierto que hay muchísimas cosas que echas de menos cuando estás en un lugar con idioma y costumbres diferentes a las que conoces. Pero con el tiempo pones en la balanza lo que echas de menos del origen y lo que te aporta el lugar actual, y todo queda en morriña pasajera.

Estos últimos meses he vivido con cierta angustia desde la distancia los acontecimientos que han tenido lugar en España y en Catalunya en relación con España. Después de cabrearme mucho por muchas cosas, me viene a la cabeza una frase que leí hace un tiempo que decía algo así: Si te preocupas por algo que no puedes solucionar personalmente, que no está en tus manos, mejor deja de preocuparte y ocupate de otras cosas más productivas. Y ciertamente, sin llegar a la frivolidad, ni al pasotismo, reconozco que necesito apartar la vista de ese sinsentido que se está viviendo, a mi parecer, en España. Esa locura corrupta desenfrenada que aboca al país a la más mísera ruina, esa guerra de banderas que tapa miserias partidistas y que emboba a los iluminados que creen que la libertad es llevar una pinza amarilla en la solapa. No entiendo nada, absolutamente nada. El criterio, el pensamiento crítico se ha ido por la alcantarilla, junto al estado del bienestar que supuestamente se tenía en España. Ya no queda nada. Y mientras los mayores me dicen, no vuelvas, quédate en Francia, aquí no hay salida. Los más jóvenes se enfrentan en disputas sin sentido, en romanticismos de otra época, en emociones que tapan las miserias del sistema. Y todo ello me ha producido tanto dolor que finalmente y después de pasar unos días de abstinencia informativa, he tomado la decisión de pasar, simplemente pasar. Mi criterio me dice que mejor me aparto un rato, que no voy a sacar nada en claro de esa sopa de gansos, así es que después de mucho pensar, y teniendo en cuenta los proyectos personales y profesionales que llevo a cabo actualmente, dejo a Astrid Orange en modo hibernación. Basta de cabreos innecesarios, de pataletas improductivas, de discusiones estériles.

Lo escrito, ahí queda. Son reflexiones personales que a veces han ayudado a otras personas, pero que me han beneficiado a mi, en la necesidad de plasmar inquietudes, o simplemente en el puro placer de escribir.

Puede que algún día vuelva Astrid Orange, o puede ser que su evolución se haya transformado en otra cosa más concreta, que ya no es este cajón desastre de reflexiones y emociones.

Sin dejar mi aportación personal, mi experiencia, me centro en otros proyectos, y guardo en mi corazón para siempre a mi querida Astrid Orange.

astrid2

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