Reflexiones en aguas turbulentas

Miles de pensamientos se amontonan en mi mente, como el agua de deshielo en primavera tras las paredes de una presa.

Vivimos unos momentos tensos, momentos de cambio, de necesidad de otras cosas, de revoluciones y soluciones.

Pero las posibilidades, las salidas no se ven.

No pienses, actúa, dicen unos, pero cómo.

Sal a la calle, manifiéstate, quéjate, no les votes, dicen otros.

La corrupción, el egoísmo, la traición, la irresponsabilidad, la prostitución física y mental, la mala educación, el materialismo, la superficialidad y la estupidez, todos esos valores se han instalado en nuestra sociedad. Son como garrapatas, están ahí hasta que revientan, y no hay pensamiento ni reflexión alguna, es lo que hay.

Vivimos abducidos por un sistema podrido, que ha dado la espalda a la naturaleza, que ha ignorado su belleza, su generosidad y su magnitud. Vivimos pendientes de creaciones humanas, de invenciones de valor pasajero. Prima el dinero, el oro, la acumulación de bienes.

Si venimos a este mundo solos y sin nada, así nos iremos, para qué acumular tanto, qué sentido tiene.

Pero somos humanos, cientos de años de civilización nos han convertido en seres dependientes de nuestras creaciones, nos sentimos incapaces de volver atrás, de vivir sin coche, avión, lavadora, microondas, agua caliente, teléfono móvil o internet. Mmmmhh, qué haríamos sin internet. Yo sería la primera en no querer renunciar a muchas cosas. Pero nada es blanco ni negro, eso son extremos, y los extremos están para comparar, no para radicalizarse en ellos.

Creo que es posible otro tipo de vida, el ser humano es capaz de aportar mucho de bueno a este mundo, pero también mucho de malo, y en el equilibrio está la salida.

Hay que luchar por un cambio de sistema desde la base, regando la planta de la inteligencia con agua limpia, para que las raíces sean sanas y fuertes. Educar desde la conciencia, desde la realidad humana, con sus virtudes, sus debilidades y su ingenio. Fomentar la verdad, el respeto, el altruismo, la humildad, la generosidad y la amistad. Cuidar las pequeñas plantas para que no se pudran por el camino, y que cuando sean grandes puedan hacer lo mismo por las siguientes generaciones.

Equilibrio natural, esa es la cuestión.