Impermanencia

Al final no queda otro remedio que sucumbir a la impermanencia, porque eso somos.

Podemos aferrarnos al día a día, a nuestra cotidianidad, a los problemas personales, económicos, sociales.

Mientras, la vida sigue su curso, y con ella su verdad inefable. Todo es cambio, todo es impermanencia, y la muerte es inevitable.

Entonces ¿por qué nos cuesta tanto aceptarla? Si el simple hecho de nacer conlleva intrínseco el morir, ¿por qué la negamos, la evitamos y nos horrorizamos cuando la vemos de frente, cuando se lleva a un ser querido?

Cuando se muestra nos paraliza, todo se vuelve banal, nuestro castillo de arena se viene abajo, nos toca empezar de nuevo…