Estrellas fugaces

ESTRELLAFUGAZ

Siempre he considerado el suicidio como una opción. Un atajo para bajarse del tren de la vida por los motivos que sean, depresión, hastío de vivir, soledad, incomprensión, descanso…
No me parece un acto cobarde. Egoísta quizás, no por el que lo hace sino por lo que deja, familiares y amigos desconcertados, ante un acto inesperado.
La muerte es inevitable, a todos tarde o temprano nos llegará, podemos tener cualquier objetivo, plan o causa por la que vivir, pero el destino final es igual para todo ser vivo.
Aun así, nos sigue dejando fuera de juego, cuando nos enteramos de que tal o cual persona ha muerto, sea de repente, por accidente, suicidio o muerte súbita, sea por  enfermedad…Si nos toca de cerca nos deja desolados, lo se por experiencia. Si nos toca de lejos nos damos cuenta que quizás hacia tiempo que no pensábamos en esa persona, pero saber que ha muerto nos altera, nos hace dedicar un espacio en nuestro pensamiento hacia ella.
Ayer murió una persona que conocía. No éramos familiares ni amigos íntimos, simplemente era una de esas personas que se cruza por tu vida, que no sabes por qué te cae bien, tienes una química especial con ella. Cuando me ocurre eso con alguien pienso que nos hemos conocido en otra vida y nos reencontramos. Son personas de ámbitos, gustos, y vidas totalmente diferentes a la mía, pero aún así hay una afinidad incomprensible. Saber que esa persona, que consideraba especial, ha decidido quitarse la vida pegándose un tiro, es algo que me cuesta de digerir. Una persona encantadora, con un brillo especial en la mirada, alguien que te cuestiona positivamente, con una familia genial…
Quizás tenía una enfermedad terminal, y decidió acabar cuanto antes, evitando sufrimiento propio y ajeno. Quizás fue un arrebato, y el acceso a un arma de fuego lo pone más fácil por la inmediatez, que no por la valentía de hacerlo. No me interesan los detalles.
En todo caso, me supo muy mal, me dolió mucho que una persona de esa calidad humana, una persona con una sensibilidad y sentido de la responsabilidad a veces exagerado, decidiese bajarse del tren, sin más, con todo lo que podía haber aportado todavía a este mundo, a su familia, amigos  y conocidos.
Aún así no se lo reprocho, ni siquiera me atrevo a juzgarlo. La gente brillante, luce como las estrellas fugaces, dejando su estela impresa en nuestro corazón, y abandonan la vida de una manera u otra, voluntaria o involuntariamente, trazando lo que parece a veces un plan oculto perfecto, que nos obliga a cuestionarnos nuestra propia existencia y el sentido de la vida y de nuestros actos.
Otro golpe, otro toque de atención, mucho más por aprender.
En todo caso, descansa en paz amigo, allí donde estés.

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