Final feliz

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Ayer me ocurrió una de esas cosas sorprendentes, una conjunción de hechos con final feliz.
Mi pareja me llevaba en coche hacia la estación para coger un tren, cuando en medio de la carretera vimos algo pequeño que corría. Era un perrito minúsculo. Paramos el coche e intenté acercarme a él, pero me ladraba y enseñaba los dientes.
El bicho estaba muerto de miedo y no se fiaba de mí. Mi compañero que tiene buena mano para los animales, consiguió acercarse y lo cogió con la ayuda de una manta. Decidimos llevarlo a casa, no podíamos dejarlo allí.
Entonces me acordé de haber visto unos carteles sobre un perro perdido, pero hacía muchos días. Le pregunté a mi pareja si podría ser un chihuahua y me dijo que sin duda lo era. En el cartel recordaba haber leído chihuahua…
Al llegar al pueblo buscamos el cartel y vimos que había muchas posibilidades de que fuese el perrito perdido. Pero hacía 18 días que lo buscaban y se extravío a unos 8km de donde estábamos!
Llamé por teléfono al número que aparecía en el cartel, cuando le dije a la mujer que descolgó si todavía buscaban al perrito perdido y que probablemente era el que habíamos encontrado, se echó a llorar como una desconsolada, no se lo podía creer. Por un momento me sentí mal ¿y si ese no era su perrito y le daba falsas esperanzas? Habían pasado muchos días… Pero por otra parte la posibilidad de encontrarse a un chihuahua en medio de una carretera pérdida en una zona rural y que no fuese el que habían perdido, tenía poco sentido.
A la hora vinieron a recoger al perrito, que ya se había tranquilizado, había comido y bebido. El momento en que la mujer y su perrito se encontraron fue maravilloso, según me contaron, porque entre una cosa y otra fui a coger mi tren (por los pelos), pero me emociono de pensarlo, porque la posibilidad de recuperar algo que creías perdido es tan improbable, que cuando ocurre no puedes más que rendirte a la emoción del momento, y a la magia de la conjunción de los hechos para que estos pequeños momentos maravillosos en la vida, ocurran sin más y te dejen sin palabras.
Recuerdo unas vez que yendo en coche, vimos un perro que corría al lado de la carretera. Aquel día no paramos porque se nos hacía tarde para comprar algo. A la vuelta vimos al perro tendido en la cuneta, muerto. Desde aquel día decidimos que si estaba en nuestras manos, eso no volvería a ocurrir. Ayer vimos que cuesta muy poco hacer las cosas bien, que lo importante está por encima de lo demás, que mirar hacia otro lado, obviar un problema o responsabilidad no resuelve nada, y que pequeños gestos dan grandes resultados, está vez con un buen final feliz, de los que me gustan.

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