Reflexiones entre vías

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Viajar en tren siempre me inspira a pensar, divagar, meditar, soñar… Las mejores y peores ideas me han surgido casi siempre, en un tren.

Después de una hora de espera en el andén, dos de viaje, un transbordo, y una hora más de tren que me queda por delante, creo que es una buena ocasión para hacer un poco de limpieza mental, de poner orden, de pasar el rato, compartir sensaciones, y actualizar un poco este cajón personal que hace días que no abro. 

A veces tengo la sensación de que la vida se me pasa, sin control, sin más. Los planes se deshacen uno tras otro, sea por circunstancias imperativas, o por ganduleria mental. Quizás sea una avariciosa de mi tiempo, que reconozco efímero, y parece que necesito aprovechar cada momento, sin a veces disfrutar esas pequeñas cosas que ofrece el momento, el día a día. Aunque reconozco que cuando me encuentro ante uno de esos momentos, me dejo llevar y lo disfruto al máximo. Un paseo por el campo con mi cámara al hombro, una tarde de piscina, una conversación trivial en el chiringuito, una llamada de teléfono inesperada, o un concierto rumbero en mi pequeño pueblo que me hace menear todo el cuerpo y me genera serotonina para unos cuantos días. Yo misma me contradigo, porque releo estas letras y veo que sí que vivo cada momento, aunque a veces no lo mastique lo suficiente, lo trague rápido. Es imposible hacer todo lo que quieras, eso es incuestionable, y más cuando los pensamientos se aceleran, querrías estar en mil escenarios, aprender mil cosas y llevar a cabo cientos de iniciativas. Así no funciona, hay que ir por pasos porque si te entusiasmas y te precipitas, pueden pasar dos cosas, o la cagas en algo, o te agotas antes de empezar, y si no ahí está la vida, tu entorno y el mundo real para deshacerte los planes.

Después de varios intentos frustrados de llevar a cabo una serie de cambios en mi vida, creo que he aprendido a llevarlo de otra manera. Antes me cabreaba, tanto por cosas evitables como inevitables, ahora busco siempre las alternativas. Si tengo un plan futuro y hay posibilidad de que se frustre, miro el momento actual y reflexionó sobre qué ocurriría si tal plan no se llevase a cabo. Y funciona. Quizás sea conformismo, o quizás sea experiencia y ganas de estar tranquila conmigo misma y pensar, que si no puede ser pues otra vez será, o no. 

Y en estas que llego a mi destino. Se acabó la reflexión. 

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