En resumen…

salam3

Llegada esta época del año, suelo sumirme en un periodo reflexivo que me dura lo que estas fiestas tan tediosas entre el final del año en curso y el inicio del próximo.
Vuelvo la vista atrás y pienso ¿qué paso? ¿qué hice? ¿logré lo que buscaba? ¿conseguí lo que me propuse hace un año? ¿cómo puede ser que haya pasado tan deprisa?
Alguna vez escribí mis objetivos para el año próximo en un documento que releí antes de empezar el del año siguiente. Pero al tercer año me cabreé conmigo misma por lo poco constante e indisciplinada que me sentí, así es que volví a mi caos particular.
Pero tampoco era tan malo. Nunca puedes cumplir todo lo que te propones, y más cuando tus ambiciones son grandes y amplias. Eso de proponerte pequeños objetivos lo dejo para mis propias luchas diarias, semanales o mensuales. Los propósitos anuales deben ser amplios, grandes, imaginativos. Dicen que la realidad empieza en el pensamiento, así es que hay que pensar a lo grande.
Ha sido un año que para una persona poco planificada como yo, ha traido como siempre sorpresas buenas y malas.
Cuando parecía que la situación profesional caía hacia el abismo, surgieron nuevas oportunidades.
Lo que parecía estable en el plano familiar, se vino abajo.
Topé con buenas y malas personas. Con pequeños nuevos ecosistemas alentadores, y con los sistemas tradicionales, rancios, y decrépitos de siempre.
Choqué con el hundimiento de la sanidad pública, y el despropósito de arrogantes zombies vestidos con bata blanca y estetoscopio al cuello.
Me deprimí un año más por la pasividad social, y la ausencia de espíritu crítico. Por la desfachatez de gobernantes y la estupidez de sus seguidores.
Me entusiasmé con nuevas visiones, posibilidades, oportunidades y caminos.
Conseguí cuidarme en la medida de lo posible en lo físico y en lo espiritual.
Y llegué hasta aquí,con el inmutable objetivo que ha permanecido en esta cabeza durante años: seguir viviendo con sentido común, espíritu crítico y en libertad. Sin compromisos sociales impuestos, sin esclavitudes económicas, sin dictámenes convencionales.
Como decía de mi un tío mío al que quiero mucho: Tú consigues vivir al límite del sistema, ni dentro, ni fuera. Pues sí, sólo así podré seguir siendo yo.

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