Renovarse o morir

Después de días leyendo y oyendo comentarios, noticias y críticas sobre la “ley Sinde”, después de haberme unido a la acción popular de envío de emails a los diputados que “debían votar su aprobación o no”, después de al fin y al cabo, vivir un episodio más de la patética parodia política que vive este país, quiero hacer mi aportación al asunto pero no tratando sobre la ley de marras, su significado y sus consecuencias, ya que de ello se han encargado muchos bloguers y lo han hecho muy bien. Como referente cito a Enrique Dans , al cual he seguido estos días y con cuyas aportaciones me siento muy afín.
Ya he dicho varias veces lo que opino de internet y lo que significa para mí. He emprendido acciones concretas, y he denunciado ese miedo rancio que tienen ciertos grupos a la libertad en internet, y me preguntó cuánto tiempo va a durar este circo pasado de moda, este modelo obsoleto de negocio en torno a la propiedad intelectual, que pretenden perpetuar discográficas, productoras, editoriales y algunos autores apoltronados en el sistema.
La globalización llegó para quedarse, y si antes nos pasábamos los “Lps” grabados en cintas de cassete, nos dejábamos o hacíamos fotocopias de algunos libros de la universidad porque no había pelas para comprarlos todos, y compartíamos nuestras opiniones con la gente de nuestro entorno, ahora se comparte a nivel global, porque las cosas han cambiado.

Ejercer un control sobre esto es absurdo, reaccionario, y una clara muestra de inadaptabilidad a los tiempos actuales.

Pretender cerrar páginas web sin que lo dictamine un juez es contrario al sistema democrático, si en diferentes demandas los jueces han fallado a favor de los demandados, quizás es que falle la ley, pero que el gobierno pretenda borrar la figura de los jueces en este tema de un plumazo no tiene nombre.

Como ya han dicho algunas voces, si el negocio que hacen estas páginas de enlaces con la publicidad fuese tan grande (que no lo se) , ya se hubiesen hecho con él esas grandes corporaciones que presionan para eliminar esas webs.

El tema está en que es demasiado cómodo seguir poniendo la mano y recibiendo suculentos dividendos, a costa de un sistema obsoleto, como para ponerse a transformarlo.

Y el tema está en que en este país hay demasiado amiguismo,  favoritismo, abuso y corrupción, transformado en burocracia y licencias, que impiden el funcionamiento normal de muchos negocios.

Pues una cosa está clara, ante el cambio, o te adaptas o mueres.

Otro modelo de negocio es posible.

Miremos por ejemplo lo de descargar música al móvil. Envías unos sms, y por 1 o 2€ te descargas una canción que además puedes poner como tono cuando te llaman. Puestos a mirarlo desde el punto de vista “pirata” te lo bajas de internet, te lo pasas al móvil y te sale gratis. Entonces ¿por qué está funcionando ese modelo? Porque lo hace fácil y asequible al consumidor. Porque por muy poco, tienes la canción que te gusta, en el momento que quieres. Esa es la visión actual.

¿Qué han hecho ya algunas discográficas? Permitir la descarga de canciones por menos de 1€, o unirse a la plataforma itunes para ello.

Hay incluso grupos como The Pixies, que han sabido aprovecharse de la “piratería” en su modelo de negocio.

¿Quién no se harta de intentar ver una serie por televisión con la de publicidad que meten? Al final si te interesa la acabas viendo online. ¿Por qué no aprovechan las productoras de cine y televisión el filón de la visualización online? ¿Quien no pagaría 50 céntimos de euro por ver un episodio de su serie preferida, con buena calidad de imagen y sonido, a tiempo real y sin cortes?

Hoy acabo de descubrir a través del blog de escolar.net que hay una empresa estadounidense Netflix que según dice la fuente citada “ofrece un servicio de alquiler de DVDs que te mandan a casa y también un enorme catálogo de películas online a la carta por streaming a cambio de un abono mensual bastante asequible: sólo 7,99 dólares al mes.” Aquí a falta de un negocio así, el negocio se lo llevan los servidores tipo Megaupload o Rapidshare.

Pero el problema como siempre es el precio, es la oportunidad de llegar a más gente pero ganar el máximo, y las cosas ya no van por ahí.

Que un ebook cueste un par de euros menos que el libro impreso es un robo, o que un CD o DVD siga costando 20 o 30€ también.

Sabemos que con la tecnología actual los gastos se han reducido, pero las grandes empresas siguen manteniendo precios altos, y comisiones reducidas a los autores, su modelo de siempre.

Y el problema es no intentar cambiar las leyes a un nuevo modelo económico, sino creando nuevas comisiones que eliminan la figura judicial porque el sistema está colapsado y las presiones empresariales piden ligereza y a ser posible un punto de vista poco objetivo.

La cultura es un derecho, el respeto a la propiedad intelectual de los autores también, y por supuesto la libertad de expresión es el gran derecho.

Entonces, sobran intermediarios, ideas obsoletas y apalancamiento mental ¿no?

Renovarse o morir, esa es la cuestión.

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