Momentos fugaces llenos de vida

Esta mañana mientras conducía, escuchaba un audiolibro en mi coche. Conducir no me gusta, me estresa y me aburre, pero he descubierto, que escuchar historias mientras conduzco puede llegar a ser una experiencia muy interesante, incluso hay veces que llegando al lugar de destino, me gustaría que el camino fuese más largo para poder acabar de escuchar la historia, el cuento o el capítulo que suena en el momento.

Esta mañana iba escuchando los cuentos de Jorge Bucay, leídos por el mismo autor. Me fascina esa manera que tiene Bucay de contar historias, no se si será por ese acento tan peculiar y esa manera tan especial que sólo los argentinos tienen de decir las cosas, o porque el autor es un buen narrador, en cualquier caso iba escuchando un cuento tras otro, y todos me decían alguna cosa, me enseñaban algo, me hacían reflexionar sobre alguna cuestión, pero ha habido uno que me ha dejado estupefacta, tanto que casi he estado a punto de parar el coche en la cuneta y ponerme a pensar y escribir sobre el tema, pero he preferido dejarlo hasta este momento, ya que tenía otros quehaceres también importantes.

La historia original es de un tal Panini, y Bucay ha hecho su propia versión. Trata sobre un reloj colgado en una pared que está parado y marca las siete en punto. Para muchos podría ser un objeto inútil pero el narrador siente una tremenda simpatía hacia él, ya que dos veces al día, ese reloj conecta con el mundo y por un minuto cada vez, es su momento, está en hora.

El autor compara el reloj con su propia vida, “un caminar aburrido que llamo mi propia vida”, la rutina, la cotidianidad, y unos momentos que ocurren sólo a veces, en los que te sientes en verdadera armonía con el universo, donde tu tiempo conecta con el de los demás seres, y te sientes maravilloso y afortunado.

Y me he dado cuenta que es cierto, que lo que cuenta la historia del reloj, es una buena manera de describir la vida. No todos los momentos son buenos, divertidos, interesantes, placenteros, románticos o bellos. Pasamos muchos momentos malos, aburridos, rutinarios, de ansiedad, de dolor, de soledad, momentos que hacen que parezca que la vida no tiene sentido. Pero luego están esos momentos mágicos que nos cautivan y que nos hacen descubrir el milagro de la vida, y nos empujan hacia la búsqueda de nuevos grandes momentos, y nos dejan con el buen sabor de boca del momento pasado.

Cuando tienes inquietudes, cuando te impacientas porque parece que nada ocurre, que nada se mueve, que la inmovilidad y la rutina del momento te aplastan, esos momentos están ahí para prepararte para los buenos momentos, para esos que dejan huella.

Dicen que del 100% de tu tiempo invertido en cualquier actividad, lo que realmente importa, o te aporta algo, o es productivo es el 20%. Quizás sea eso. Cuando grabas una situación en vídeo y luego la editas, te quedas con lo mejor, lo que más te gusta o llama tu atención. Lo mismo ocurre con las fotos, con una noche de fiesta, con una comida familiar. Preparando un plato que te lleva toda una mañana y del cual se disfrutará durante unos minutos.

La vida nos da el tiempo suficiente, no para hacer de cada minuto un gran acontecimiento, sino para saber preparar y disfrutar los grandes momentos, esos que recordaremos al final de nuestra vida, los realmente importantes.

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