¿Es posible encontrar una aguja en un pajar?

Éramos un grupo de amigos que pasábamos la tarde en el campo. Encontramos un lugar con hierba, y allí estuvimos jugando un rato a varios juegos, y charlando tumbados en tan agradable suelo. Cuando nos íbamos a ir, uno de nosotros se dio cuenta que había perdido un anillo. No era una pieza demasiado valiosa, pero para él tenía un gran valor sentimental. Empezamos a buscar todos como locos el anillo por el campo de hierba, y así estuvimos muchísimo rato sin dar con el objeto en cuestión.

Desanimados, no sabíamos qué más hacer, empezamos a especular sobre si realmente nuestro amigo habría perdido allí el anillo o en otro lugar, que si sería imposible encontrarlo…Nos auto convencíamos de que la empresa estaba perdida.

Cuando nos dimos cuenta, nuestro amigo se había alejado de nosotros, y estaba sentado en el suelo con las piernas cruzadas , los codos apoyados en las rodillas y la cabeza entre sus manos. Parecía muy concentrado. ¿Qué hacía?¿Cuánto rato llevaba así?

Antes de que pudiésemos decirle nada, se levantó, caminó hacia una dirección concreta, se agachó, y levantó con la mano el anillo perdido mientras nos miraba con una sonrisa triunfal. Nos quedamos perplejos ¿Qué había pasado? ¿Cómo lo había hecho?

Nuestro amigo nos contó, que mientras buscábamos desesperadamente se dio cuenta de que ninguno de nosotros, incluido él mismo, estábamos convencidos de encontrar el anillo. Nuestra actitud era escéptica desde el comienzo, nuestro inconsciente colectivo gritaba silenciosamente que aquello era como buscar una aguja en un pajar, que era imposible. Recordó que a veces empleaba un método para encontrar las llaves que siempre perdía. Aquel método consistía en concentrarse en el objeto, y visualizar nuestro deseo, es decir, hallar el lugar donde se encontraba, o al menos repetir, voy a encontrarlo, unas cuantas veces. No fallaba, al rato encontraba lo que buscaba y así le sucedió esta vez. La postura adoptada para la concentración la había tomado del yoga y según decía le ayudaba a solucionar el problema más rápidamente.

Empezaron las risas y las coñas, y cansados ya del lugar y de la situación nos fuimos cada uno para su casa.

Tiempo después, empecé a poner en práctica en método del que nos había hablado nuestro amigo. Recuerdo una temporada en que tenía que dejar el coche cada día en un sitio donde solía haber problemas de aparcamiento, y siempre iba con el tiempo justo para aparcar y coger el tren. Los primeros dos días fueron agobiantes. Me costaba muchísimo hallar un aparcamiento y acababa agotada y estresada. Al tercer día decidí poner en práctica el método. Y un rato antes de llegar al lugar me repetía que iba a encontrar aparcamiento fácilmente, incluso visualizaba varios lugares posibles. Milagrosamente funcionó. Ese día llegué y a la primera. Los días sucesivos tuve el mismo éxito, a veces no encontraba aparcamiento a la primera, o veía como alguien me “quitaba” un sitio justo cuando lo localizaba, pero en vez de pensar “vaya, ahora si que me han fastidiado, ya no voy a encontrar más aparcamientos”, cambiaba el pensamiento, “tranquila, hay más plazas, no te preocupes” y funcionaba.

Con esto no estoy diciendo nada novedoso, es un hecho más que bajo mi punto de vista corrobora la famosa ley de la atracción sobre la cual hay cientos de líneas escritas. Y mi aportación es un mero ejemplo de que esa ley o constatación, a mi me ha funcionado y quiero compartir mi experiencia con el resto del mundo.

La actitud positiva y despierta hacia los problemas que nos surgen en la vida nos permite solucionarlos, asumirlos o encajarlos de mejor manera que con actitud pesimista o negativa. Sólo hay que variar el pensamiento y cambiar la frase negativa por la positiva. Acudir a una cita pensando que va a ser un desastre no nos ayuda en nada, más que ponernos más nerviosos y provocar que así ocurra. Y si a veces no funciona, es que igual no tiene porqué funcionar, porque ha de pasar otra cosa. Quizás te pases media hora buscando las llaves sin encontrarlas, porque de esa manera cuando salgas de casa te encontrarás con una persona que te va a legrar el día, o a la cual se lo vas a alegrar tú, o que simplemente os vais a aportar algo. Merece la pena estar más al tanto de las intuiciones del día a día. Las prisas, el estrés y los problemas ya vienen solos. Y si se vive manteniendo la atención en esos pequeños detalles cotidianos que a veces son auténticos regalos, es todo mucho más divertido.

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