Es tan fácil eso de la corrupción…

fe

Hace cosa de un año y medio pude ver de cerca cómo funciona el tema de las subvenciones a los ayuntamientos.

El ayuntamiento del pueblo donde vivo me comunicó que salían unas subvenciones para ofrecer cursos de informática a los habitantes de poblaciones rurales. Si me interesaba dar esos cursos les tenía que hacer una propuesta, con presupuestos, materiales, temario y demás.

Me pareció una buena oportunidad de compartir mis conocimientos con la gente del pueblo y de paso ganarme un dinerillo.

Preparé el proyecto, se presentó la subvención, di los cursos, llegó la subvención, se me pagó por mi trabajo, se presentó una memoria justificativa y todo correcto.

El estado dio un dinero para un tema concreto, y cada cual recibió lo establecido.

Pero durante la elaboración de la memoria justificativa me di cuenta de algo, que en su momento me dio que pensar y que estos días, con el tema de la corrupción política en los ayuntamientos, he vuelto a sacar de mi cajón de las reflexiones.

Los destinatarios de dicha subvención eran tanto ayuntamientos como entidades o asociaciones. Las bases, objetivos y papeleo a presentar para solicitarla eran las mismas, en cambio para justificarla era diferente. Así como las entidades y asociaciones debían justificar todos los gastos aportando facturas y documentación acreditativa, la justificación para los ayuntamientos sólo implicaba una firma del alcalde “dando fe” que le proyecto se había realizado y que el dinero se había gastado convenientemente.

En aquel momento pensé que cualquier alcalde malintencionado, teniendo como cómplice a la secretaría del mismo ayuntamiento, podría pedir toda clase de subvenciones, que podrían no “trascender” al público, justificarlas con un simple “doy fe” y una firma, y dado que el control es prácticamente inexistente (según me confirmó una persona de la administración con la que comenté mi reflexión), sacar unos buenos pellizcos de aquí y allá, que al cabo de los años podrían constituir verdaderas fortunas.

Me pareció demasiado fácil eso de la corrupción, y pensé que si en un pueblo pequeñísimo podrían pasar cosas así, qué no pasaría en grandes ciudades…

Estos días se está destapando algo, pero me temo, que sería más fácil nombrar a los ayuntamientos que están “limpios” que a los que no lo están.

Es demasiado fácil para una sociedad que no está preparada para trabajar por el bien de la comunidad sino por el propio bien y el de su pequeño círculo.

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