Falsa seguridad

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En estos turbulentos momentos en los que vivimos actualmente, donde parece que ya nada es seguro, cuando los palos del “sombrajo” que soportaban nuestra modélica vida van cayendo uno a uno, cuando los trabajos dejaron de ser “fijos” o “indefinidos” para convertirse en “prescindibles”, cuando las viviendas dejaron de ser tesoros para convertirse en grilletes, cuando los depósitos y fondos de pensiones dejaron de ser buenas inversiones para convertirse en “arriesgadas” inversiones, cuando el sueño de trabajar y cotizar toda tu vida para conseguir una buena pensión de jubilación es cada vez más cuestionable.

Cuando todo esto ocurre ante nuestros ojos, pienso que quizás no estuve tan equivocada cuando hace unos años rompí con la idea de un “trabajo estable y bien remunerado” en el área en la que me había titulado, cuando renuncié a la idea de comprar una bonita vivienda nueva, en un bonito barrio, a pagar en comodísimos plazos durante los siguientes 40 años de mi vida, una vivienda que además resultaba ser una estupenda inversión, ya que podría haberla comprado por 180.000€ y a los 5 años haberla vendido por 300.000€

Renuncié a aquello porque esa seguridad que parecía ofrecer el seguir la norma, lo estipulado, lo que todo el mundo hacía, me parecía una farsa: estudios superiores, trabajo estable, seguridad económica, vivienda de “propiedad”, planes de pensiones, cotizar, pensión de jubilación. Todo eso se me antojaba un modelo que funcionó para un par de generaciones nacidas hacia los años 50, pero que para los hijos de los 70 y posteriores ya no tenía mucho sentido. El sistema era diferente, y no valían las mismas reglas.

Hoy me doy cuenta, que aquella renuncia me ayudó a formarme con conocimientos que hoy me permiten sentirme más segura y preparada, ante el incierto futuro que se nos presenta. Me apena ver a personas que aprecio mucho ligadas a un trabajo que detestan, pero del cual no pueden prescindir. Personas que cuentan con anhelo los años que les quedan para poderse jubilar y cobrar la pensión. No quiero esa vida para mi, porque no creo en esa seguridad.

Hace pocos meses tuve el placer de conocer a un autor que corroboraba mis pensamientos. Se trata de Robert Kiyosaki, un personaje que posiblemente tenga tantos seguidores como detractores, pero que sin duda no te deja impasible.

Recomiendo fervientemente la lectura de su primera obra Padre Rico, Padre Pobre. En Taringa hay un artículo sobre Kiyosaki, con enlaces a varias de sus obras en pdf. También es posible leer la última obra que está escribiendo online, disponible en su web de forma libre hasta el 14 de julio. Está en inglés y su título es Conspiracy of the Rich. Para mi es una obra reveladora, por un lado confirma mis sospechas y por otra me da la oportunidad de aprender muchas cosas sobre el dinero y la economía, que ciertamente no se aprenden en ninguna escuela.

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