Aprendiendo humanidad

amapola

Hace tiempo que oigo hablar de inteligencia colectiva, de un cambio en el pensamiento de las personas, de un despertar de las ideas, que va más allá de sistemas y educación.

Es evidente que estamos en la era de la información. Muchos autores afirman que la era industrial murió para dar paso a la era de la información. Es mucha la información que tenemos a nuestro alcance hoy en día, internet ha sido una revolución sin precedentes. Pero también la desinformación y la falta de interés por una información constrastada y verídica, aunque a algunos nos parezca inconcebible es real.

Cada día me encuentro con un montón de personas dispuestas a vivir sus vidas sin más, sin plantearse si somos explotados, manipulados, esclavizados. Este hecho me solía indignar, pero he aprendido a verlo de otra manera. La verdad no siempre nos gusta, nos hace pensar, nos hace enfadarnos, nos desmonta muchos mitos que durante años han sido los pilares de nuestras ideas y eso duele. Recuerdo una escena de la película Matrix que ejemplifica este hecho. Hay un personaje que traiciona al resto del grupo por vivir en Matrix, que aunque sabe que es algo ficticio, superficial y manipulado, lo prefiere a vivir en un mundo real que no le gusta.

Descubrir los “fallos de nuestro sistema” no siempre es agradable, y depende de cada persona la opción de vida que quiera tomar. No es mi intención analizar qué camino tomar, cada cual es libre para hacerlo según le dicte su conciencia.

Mi atención se centra en un cambio que he percibido en los últimos 4-5 años y que he visto más patente estas últimas semanas. Se trata de un cambio en la actitud de ciertas personas profesionales o dedicadas a una materia o profesión concreta. Y ese cambio viene dado por un proceso de lo que llamo mayor “humanización”. Una manera de transmitir las cosas, hechos, conocimientos, con ganas de que se entienda, con respeto, con la verdad por delante, y sobretodo con humildad.

Para explicar este hecho quiero poner algún ejemplo.

Durante las pasadas tres semanas he “asistido” al proceso de rápida enfermedad y muerte de mi abuelo. Ingresó en un hospital público con una cierta dificultad respiratoria, y tras una serie de pruebas, le diagnosticaron un cancer de pulmón en estado avanzado que se lo ha llevado en poco tiempo.

Tanto el neumólogo que lo trató en un pricipio, como el oncólogo que lo trató hasta el final demostraron una “humanidad”, que hasta entonces me era desconocida en miembros del colectivo médico. Por desgracia he tenido que soportar la noticia de varios diagnósticos dados por médicos, que de una manera tajante y rotunda anunciaban algo malo, sin el menor miramiento ni sentimiento, como el que anuncia cualquier hecho trivial. Por suerte en la mayoría de casos, el diagnóstico fue erroneo. Pero esta vez ha sido diferente. Puesto que como he anunciado al principio, disponemos de muchísima información al alcance de nuestras manos, en cuanto supe el diagnóstico no tardé en ponerme manos a la obra para recopilar todos los datos posibles para adivinar en poco tiempo qué posibilidades tenía mi abuelo de salvarse. Ya lo había hecho otras veces con aquellos otros diagnósticos, y pareció que a aquellos médicos les molestase que pregustase “demasiado”. Pero esta vez me he encontrado con las puertas abiertas a toda una serie de explicaciones y sobretodo a una humildad que nunca antes había visto. Me hablaron de limitaciones de la medicina, de “andamos perdidos en esto o en lo otro”, de sentimientos, de acompañamiento a un moribundo. El desenlace final ha sido inevitable, y mi abuelo ha cruzado el puente hacia el otro mundo, pero ese apoyo por parte de personas que además de ser médicos han demostrado ser “humanos”, me ha hecho ver un cambio en el sistema.

Otro ejemplo de “humanidad” lo pude ver en el cura que hizo el responso en el funeral de mi abuelo. Hablé con él antes de la ceremonia, ya que el tipo quería que le explicásemos un poco cómo era mi abuelo. No quería hablar de una persona a la que no pudo conocer, pero sin tener ni idea de cómo era. Bueno, eso me pareció lógico. Pero cuando me dio su visión de dios como luz y energia, y no como un todo poderoso custodiado por la iglesia, de muerte como camino a una nueva fase de “vida que desconocemos” y no camino al paraiso eterno o al infierno, me pareció algo novedoso viniendo de un cura.

Otra vez me venía a la cabeza el mismo pensamiento “tenemos información y conocimientos para reconocer lo que desconocemos o nuestras propias limitaciones”.

Un último ejemplo lo he tenido hoy mismo. He estado viendo un documental que hacía mucho tiempo que quería ver llamado “la noche del fin del mundo”. En él el periodista Iker Jiménez, hace un estupendo trabajo de documentación sobre lo que fue la peor tragedia del siglo XX (si no de la humanidad, aún no lo sabemos), el desastre nuclear de Chernobyl. Partiendo de muchas fuentes da una amplia información sobre lo que fue el accidente de Chernobyl, sus consecuencias y el estado actual del problema. Algún día haré mi aportación personal sobre el tema, pero lo que quiero comentar referente al tema que estoy tratando, son los últimos minutos del documental en los que Iker afirma que él personalmente y su equipo no han estado allí en la zona de la tragedia, porque conociendo los hechos, los datos, las informaciones que han conseguido de allí, han tenido miedo de acercarse a la zona. Miedo a lo desconocido, miedo a la exposición a la muerte o la enfermedad.

Cuando un perodista dice tal cosa en un trabajo de tal magnitud, para mí demuestra una humildad y una integridad que merece todos mis respetos.

Ese acceso a la información tan amplio del que disponemos puede permitir ver la realidad tal y como es, y como tal podemos vernos como humanos, como piezas pequeñas de un gran rompecabezas controlado por el tiempo y la vorágine de los acontecimientos. Si aceptamos que somos humanos, aceptando nuestros errores y limitaciones aprenderemos a ser más libres, y menos temerosos de la vida. Y los demás nos reconoceran como semejantes, nos perdonaran y apoyaran.

Ojalá esta percepción que tengo de que algo está cambiando llegue alto, a las personas que tienen poder de decisión sobre otras personas, y sepan afrontar como humanos problemas que afecten a muchos. De la misma manera, personas que reciben órdenes deberían saber reconocer cuando una orden es sensata y cuando no, y actuar en consecuencia. Es algo muy dificil, pero no imposible. Hay interés en que creamos en terrorismo, en seguridad en el trabajo, en felicidad publicitaria, en diferencias, en mejores y peores, en nortes y sures. Pero a veces, algunas mentes despiertan, se relacionan, transmiten su mensaje. Y la cadena se multiplica.

Espero poder seguir encontrando esos gestos humanos, posiblemente innatos en todas las personas pero adormecidos o a veces aniquilados por una cultura y una educación equivocadas.

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