El milagro de vivir

Abandon, from galerie.pixelvalley.com

Jamás me llegué a plantear la fragilidad del ser humano, la vulnerabilidad del cuerpo humano.

Cuando oyes noticias sobre muertes por accidentes de tráfico, o por otras causas repentinas, piensas “pobre gente, o pobre persona”, pero parece que eso no va contigo. Desgraciadamente y supongo que como estímulo defensor del cuerpo, o tal vez por puro egoísmo, piensas que “eso a ti no te va a pasar”. Hasta que un día te levantas con la terrible noticia de que eso le ha pasado a alguien muy allegado a ti. Entonces se te rompen todos los esquemas, esas cifras de la radio, ese motorista anónimo fallecido en un accidente de tráfico es tu hermano, y eso te destroza. A partir de ahí te cambia la vida.

Mil veces te planteas el accidente, y ves mil maneras diferentes de que se hubiese podido salvar. Pero no ha sido así. El destino, la mala suerte, o llamémosle como queramos ha hecho que el golpe fuese directo al corazón, sin opción a vida posible.

Cuando algo así te pasa te vuelves más sensible a todo.

Y cuando algo así le pasa a alguna otra persona que conoces, pero con resultado positivo, es decir, accidente, hospital, posible curación, mucha rehabilitación, posibles secuelas, pero VIDA, al fin y al cabo vida, te das cuenta de la vulnerabilidad del cuerpo humano.

Es entonces cuando te das cuenta de lo que llegas a apreciar la vida.

No dudo de que debe ser durísimo quedarte en una silla de ruedas, o con cualquier otra secuela física tras un accidente. Pero vives.

Y yo sólo se, que hubiese dado mis piernas porque mi hermano se hubiese salvado, lo pensé en caliente y lo sigo pensando hoy tras 4 años del fatídico accidente.

Conozco a una persona que tuvo un accidente hace un par de años, aún está con rehabilitación y padece una leve cojera, y su actitud me deprime y me parte el alma, porque se queja sin para por la mala suerte que ha tenido. Yo sigo pensando para mí “pero vives”. Pero no le reprocho nada, porque se que yo también una vez fui así, sólo supe mirarme el ombligo hasta que la vida me dio el palo más fuerte que jamás me pude imaginar, y entonces todos mis pensamientos, mis sensaciones, mis principios, y mi manera de vivir cambiaron para siempre.

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