A nuestros padres

Niños en los 50s, archivo personal

Ellos son hijos de los 50. Nacieron en lugares donde prácticamente no vivieron, porque sus padres tuvieron que emigran hacia comunidades en crecimiento, donde había una oportunidad de trabajo y de una vida mejor. Desde pequeñitos fueron emigrantes en Catalunya, en Madrid, en Euskadi… Algunos incluso cruzaron fronteras llevados por sus padres a Francia, Alemania, Suiza.

En Extremadura, Andalucía, Castilla no había trabajo para todos.

Son la generación de las muñecas de cartón, que año tras año envolvían y hacían ver que los reyes magos las regalaban de nuevo. La generación de la vida en la calle, pues sus padres trabajaban jornadas inagotables, para poder llevar cuatro míseros duros a casa. La generación de un baño a la semana, y al mayor de los hermanos le tocaba el agua sucia y ya usada de los pequeños. Por supuesto sólo había un traje de bonito y sólo se podía utilizar los domingos.

Son la generación que en los 60 celebraba guateques, y que mientras de fuera llegaban ecos de Beatles y Stones, bailaba al son de los Sirex, Los Mustangs y tantos otros. Vivieron el destape, los biquinis, las minifaldas y los seiscientos. Y con el dinerillo que pudieron ahorrar por hacer miles de horas extras a la semana en trabajos donde muchas veces estaban sin contrato, ese dinerillo que se escaqueaban de entregar en casa inventando mil artimañas, ya que el sueldo iba íntegro al seno de la familia, pudieron dar la entrada para un pisito de protección oficial y casarse, porque sino no había manera de independizarse.

Letra a letra consiguieron pagar el pisito en unos diez años, durante los cuales tuvieron hijos, y en muchas ocasiones la mujer dejó de trabajar (si es que lo hacía) para dedicarse plenamente a “sus labores”, es decir al cuidado de los niños y de la casa. Aún así con el sueldo del hombre daba para mantener a toda la familia, tener un coche, salir al campo el fin de semana, e ir de vacaciones al pueblo en verano.

Pudieron comprar la tele en color, y más tarde el video. La nevera combi y el microondas. Y pudieron costear los estudios de los hijos, muchos de los cuales accedieron a la universidad. Aún así pudieron comprar una segunda residencia, ya fuese en el pueblo de sus orígenes o un modesto apartamentito en la costa, donde ir en vacaciones.

Pero entre pitos y flautas nos plantamos a mediados de los noventa. Los hijos ya tienen pensamientos de independencia, y ganas de fundar su propio hogar. Pero resulta que no tienen ahorrillos para dar la entrada de un pisito porque están pagando los plazos del coche nuevo, evidentemente no pueden aportar nada de su sueldo en casa, ellos tienen sus gastos. Además los papas como que son muy ahorradores les ayudan con la entrada. Y encima los bancos lo ponen fácil. Ahora los intereses están por los suelos, nada que ver a cuando los papas se compraron el piso, que pagaron hasta un 18% de intereses.

Lo que viene a continuación lo conocemos todos de sobra, si quieres puedes seguir leyendo o saltar directamente al siguiente párrafo en legrita.

Consiguen un crédito de varios millones de pesetas, con el aval de los padres, para comprar un piso nuevo en un barrio nuevo de la ciudad. Como que es un barrio nuevo y no está muy bien comunicado pero “lo estará”, señor y señora recién casados y residentes en el bonito nuevo barrio necesitan cada uno un coche para desplazarse a su trabajo, y asesorados por el comercial del banco, meten el coche nuevo en la hipoteca. Y ya puestos, como que el coche que teníamos es de cuando éramos novios, pues mira, yo me cojo uno pequeñito y mono para moverme por la ciudad, y tú uno grande para cuando tengamos los niños. Y por supuesto los niños vienen. Pero ni mamá ni papá pueden dejar de trabajar para cuidar al niño, porque necesitan dos sueldos para pagar la hipoteca y los dos coches. Y como los padres y suegros viven un poco apartados tenemos varias opciones, o que el niño se quede a dormir con los abuelos, o lo levantamos a las 6 de la mañana para llevarlo a casa de la abuela, y lo llevamos a las 7 a la guardería, pero claro, ésta última opción supone un considerable gasto adicional… Pero bueno, las cosas van bien, tenemos otro niño y el piso se hace pequeño, pero como nos dan un pastón por nuestro piso, nos compramos una casa adosada que sólo vale unos 20 millones más (de las antiguas pesetas) de lo que nos dan por nuestro piso, y está en una urbanización toda nueva, a unos cuantos kilómetros de la ciudad, pero en plena naturaleza y con servicios fantásticos: piscina, pistas de tenis, escuelas muy buenas para los niños… Necesitamos un coche nuevo porque ahora los desplazamientos hasta el trabajo son más largos y los coches tiene ya 5 años!! Ampliación de hipoteca.

Etc, etc.

¿Quién no conoce esta historia, cuando es la de miles de parejas en España durante los últimos 10 años?¿Quién no conoce a alguien con este perfil, o quien no se siente identificado con dicho perfil?

¿Quién ha pensado alguna vez que todo esto no podía durar hasta el infinito, pero no ha podido hacer nada más que decirlo, quejarse, pero simplemente dejarse llevar por la vorágine?

Sesenta años después del comienzo de esta historia, esas personas que pasaron de vivir en condiciones al borde de la pobreza, que trabajando y ganándoselo pudieron conseguir un futuro mejor para ellos, para sus hijos. Esas personas que son nuestros padres, que hoy están con un pie ya en la puerta de la jubilación, cuando no han sido pre-jubilados con interesantes condiciones. Esas personas están a punto de quedarse sin sus propiedades por habernos avalado en préstamos imposibles de devolver, están a punto de quedarse sin sus indemnizaciones por “prejubilación” y hasta sin jubilación, porque este país se va al garete, por pensarnos que la gallina de los huevos de oro no moriría nunca, por creer que los bancos estaban para hacernos un favor, y por caer en el absurdo error de pensar que aquel piso que a nuestros padres les costó 500.000 de las antiguas pesetas y por el cual 30 años después pagamos 200.000 euros, era un auténtico tesoro cuyo valor jamás dejaría de crecer.

Esas personas están a punto de quedarse en la ruina, por habernos querido dar todo aquello que ellos a nuestra edad no pudieron tener, por habernos consentido demasiado, por habernos tratado como niños aún pasando de los 30.

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